domingo, 1 de enero de 2017

La Primera De Las Últimas Noches

Le miró con ojos desesperados, sin esperar nada a cambio. No podía esperar nada y menos en esa situación. Había pasado demasiado tiempo, demasiadas veces. Otra vez se iba a repetir, una vez más.

El lugar estaba oscuro, únicamente iluminado por unas escasas y poco brillantes bombillas, insuficientes. A penas podía verle la cara, aunque daba igual, en esos momentos ya daba igual. El ruido era ensordecedor, imposible que alguien escuchara algo, cualquier cosa que dijera, aunque pasara a su lado, aunque gritara no importaría.

La angustia era cada vez mayor, el tiempo se acababa, una vez más se terminaba, una nueva oportunidad se le escapaba entre los dedos. Había estado tan cerca... o al menos eso quería pensar. Sí, seguro que sí.

De pronto, un destello cegador y parte del ruido desapareció, no era silencio, pero era lo más parecido al silencio que había escuchado en horas. Sabía que se le acababa el tiempo. Su mirada se convirtió en gesto de desesperación cuando sus ojos se acostumbraron a la nueva luz y vio como donde había estado antes la sombra en las oscuridad ya no había nadie. Miró a su alrededor, buscó y encontró. La desesperación había tomado el control. Otra noche más no.

Se giró y besó a quien tenía al lado, el tiempo no se había parado, sin magia. Habían estado hablando mucho rato, carecía de interés, una persona más a engordar la lista de polvos de una noche. La desesperación se calmó, el orgullo creció, no era lo que quería, no exactamente, pero era suficiente una vez más. No había tiempo para arrepentimientos, no en ese momento. Quizás mañana al recoger la ropa y salir sin hacer ruido, o quizá nunca.

No habría desesperación, no al menos por un tiempo. Podría contarlo, una vez más lo había conseguido. Pero algo tenía que cambiar, esperó.



La desesperación de esas personas por ver como se acaba la noche y no han pillado cuando se enciende la luz. Se ve en los ojos, y parece que queman.

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