No tengo muchos recuerdos de aquella época, Finales del año 2007 y principios del 2008, pero siento verdadera nostalgia cuando pienso en esos días.
Necesitaba un año así, crecí, cambié. Decepcioné a mucha gente por mis decisiones, por mi, por todo. ¡Qué le vamos a hacer! Así fue y así fui. Aprendí mucho o eso creo.
En esa época escribía mucho, muchísimo. Todo lo que tenía que decir y me molestaba o necesitaba lo escribía. Así se solucionaban las cosas. ¡Qué frustración! Cosas de adolescente. Supongo.
Había alguien, le escribí muchas cartas y no se las merecía, no al menos como yo lo entendía. Enamoramientos de adolescente.
Por fin dejé de hacer eso. Tonterías de adolescente.
Se acabó el 2016, y supongo que es momento de hacer reflexión sobre el año.
Este ha sido un año con muchos cambios, repentinos, con lo que ello conlleva. Los cambios siempre son difíciles... Pero se acaba el año y solo puedo pensar en él.
Mi memoria no vale para nada, casi no tengo recuerdos, se me olvidan muchísimas cosas, pero es que han pasado cinco meses exactamente, y en estos cinco meses no ha pasado un solo día en el que no me acordara de ti amigo, y así es.
Sé que llego tarde y a destiempo como siempre, pero para mi es el momento, aunque nada de esto valga ya una maldita mierda.
Tío, esto es muy duro, porque prácticamente todo lo que recuerdo es feliz y solo tengo ganas de llorar. Nos recuerdo como Don Quijote y Sancho Panza buscando, encontrando, desapareciendo. Recuerdo marcharme de allí y llorar mucho, muchísimo. No recuerdo si tanto como ahora, pero eso da igual ya. Esos días si que fueron malos, no fueron nada felices.
Recuerdo coger un palo grande cada uno e irnos de casa andando, ese rato fui feliz, hasta que nos encontraron y nos castigaron, pero seguía siendo feliz porque nos lo habíamos pasado como enanos que eramos.
Recuerdo que un perro enorme, que quería jugar con nosotros, nos tiró al suelo y pasamos mucho miedo, pero seguía siendo feliz, no nos pasó nada.
Recuerdo pegarnos, entre nosotros y contra otros, pero seguía siendo feliz, porque al momento volvíamos a jugar juntos, mucho más amigos.
Recuerdo disfrazarnos de Super Mario y Luigi, desde ese día siempre me ha gustado Luigi, mi favorito. Y recuerdo disfrazarnos de presos, con una bola atada al pie y la cara manchada de negro.
Recuerdo jugar en tu casa, en el patio de tu casa, en la parte de atrás de tu casa, en los coches del desguace de al lado de tu casa. Estaba prohibido, pero era lo que más nos divertía. Era feliz, quizá porque éramos niños y eso son los niños, felicidad.
Recuerdo merendar en la parte de atrás del Cintas viendo los Power Ranger, jugar en la acera, en el parque... Saltar desde un tobogán enorme por las escaleras en vez de por donde había que hacerlo.
Recuerdo que inventabas juegos y que esos días eran los mejores, porque no había reglas, solo había que volar.
Recuerdo la bacaloria o vacaloria, porque solo decíamos su nombre, no lo escribíamos, no dejaba de ser un bicho que vimos un día y nos daba miedo.
Recuerdo los dinosaurios. Sé que me gustan los dinosaurios y sé que es por tu culpa.
Recuerdo ir al colegio, yo iba en autobús, y allí nos veíamos, por eso me gustaba el colegio.
Recuerdo volver a vernos después de años, nervioso, muy nervioso, con muchas ganas.
Recuerdo que viniste y jugar en el armario de mi habitación en la casa de mis padres, cuando aún estaba vacío. Y que cada vez que salíamos del armario nos habíamos transportado a un lugar en el tiempo. Gracias. Fue uno de los mejores días de mi vida.
Recuerdo que me descubriste música y no hay otra cosa que me apasione más que la música.
Recuerdo volver y que todo había cambiado, pero me lo explicabas y todo seguía igual, aunque fuera por un día.
Recuerdo que me contabas como le iba la vida a cada uno de los demás. Como había sido todo. Como estaban.
Te recuerdo y te echo de menos.
Espero que allá donde estés tu también te acuerdes de mí.
Le miró con ojos desesperados, sin esperar nada a cambio. No podía esperar nada y menos en esa situación. Había pasado demasiado tiempo, demasiadas veces. Otra vez se iba a repetir, una vez más.
El lugar estaba oscuro, únicamente iluminado por unas escasas y poco brillantes bombillas, insuficientes. A penas podía verle la cara, aunque daba igual, en esos momentos ya daba igual. El ruido era ensordecedor, imposible que alguien escuchara algo, cualquier cosa que dijera, aunque pasara a su lado, aunque gritara no importaría.
La angustia era cada vez mayor, el tiempo se acababa, una vez más se terminaba, una nueva oportunidad se le escapaba entre los dedos. Había estado tan cerca... o al menos eso quería pensar. Sí, seguro que sí.
De pronto, un destello cegador y parte del ruido desapareció, no era silencio, pero era lo más parecido al silencio que había escuchado en horas. Sabía que se le acababa el tiempo. Su mirada se convirtió en gesto de desesperación cuando sus ojos se acostumbraron a la nueva luz y vio como donde había estado antes la sombra en las oscuridad ya no había nadie. Miró a su alrededor, buscó y encontró. La desesperación había tomado el control. Otra noche más no.
Se giró y besó a quien tenía al lado, el tiempo no se había parado, sin magia. Habían estado hablando mucho rato, carecía de interés, una persona más a engordar la lista de polvos de una noche. La desesperación se calmó, el orgullo creció, no era lo que quería, no exactamente, pero era suficiente una vez más. No había tiempo para arrepentimientos, no en ese momento. Quizás mañana al recoger la ropa y salir sin hacer ruido, o quizá nunca.
No habría desesperación, no al menos por un tiempo. Podría contarlo, una vez más lo había conseguido. Pero algo tenía que cambiar, esperó.